Lingua tertii imperii

abril 21st, 2005 § Comentarios desactivados § permalink

Lingua tertii imperii, lengua del Tercer Reich.

Lengua que crea y piensa por ti…, veneno que absorbes inconscientemente y que surte su efecto.

Su tesis, en el diario donde anota, mientras padece, como también se usurpa la lengua cuando se pretende controlar todo.

Un ejemplo de su reflexiones:

El entrecomillado simple y primario no significa más que la reproducción literal de algo dicho o escrito por otro. El entrecomillado irónico no se limita a esta cita neutra, sino que pone en duda la verdad de lo citado y declara que son mentira las palabras comunicadas. Ya que en el discurso hablado esto se expresa simplemente tiñiendo la voz con un tono de burla, el entrecomillado irónico guarda una estrecha relación con el carácter retórico de la LTI.

Klemperer

Para conocer y hacerse preguntas.

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Fuera de la ley

abril 17th, 2005 § Comentarios desactivados § permalink

Enrique Bernárdez nunca entrará en la RAE.

Recuerde que el eslogan de la Real Academia Española es “limpia, fija, y da esplendor”. Lo de fijar es peliagudo porque se puede entender de dos formas: “fijar lo que hay”, poner por escrito el uso real de los hablantes (que es lo único que existe); o bien “fijar para que no cambie”, que es como proclamar que hemos encontrado el elixir de la eterna juventud y castigar al que envejece.

Y seguirá contra la RAE, y con argumentos para todo aquel inmovilista de cualquier tiempo pasado, que ya no se quitará el sombrero en presencia de una dama pero todavía columniza sobre el empobrecimiento de la lengua.

También en este artículo (pinchen es breve) para desmitificar los tonos de blanco de los esquimales.

Batallaremos más veces.

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Conexiones

abril 14th, 2005 § Comentarios desactivados § permalink

Paseo por el mundo y descubro un blog con Sauce piquante que ya me gustaría por aquí. Correctores de Le Monde atentos a cómo se escribe. Me dentengo en uno de los post, puntuando, y recuerdo que uno de estos días tengo que ir a una librería para echarle un vistazo (paso previo a la compra) al libro de Jose Antonio Millán.

Y no me resisto a cortar y pegar un avance, reivindicación del paréntesis:

¿Para qué sirve la puntuación? Para introducir descansos en el habla (pero no se descansa en cada signo, y se puede descansar donde no hay signos), para deshacer ambigüedades (pero no todas se pueden eliminar mediante la puntuación, ni ésta es el único modo de hacerlo), para hacer patente la estructura sintáctica de la oración (pero esto se hace también por otros medios), para marcar el ritmo y la melodía de la frase (aunque no todos los signos tienen estos efectos), para distinguir sentidos o usos especiales de ciertas palabras (pero para eso se pueden usar también tipos de letra, como la cursiva), para citar palabras de otro separándolas de las propias (pero eso se logra también con tamaños de letra y sangrados), para transmitir estados de ánimo o posturas ante lo que se dice o escribe (pero no todos tienen un correlato en la puntuación, ni éste es único), para señalar la arquitectura del texto (pero eso también lo hacen los blancos, y las mayúsculas).

 

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De mundos

abril 5th, 2005 § Comentarios desactivados § permalink

No intentan cambiar el mundo: cambian mundos

Henry miller no pensaba en los libros cuando escribió esta frase. Yo tampoco la primera vez, pero sí después, aislada previo subrayado y releída. Continúa Miller y mientras habla de aquellos sabios que adoptan esta postura, que “cambian su perspectiva y con ello aceptan el mundo, lo que significa comprenderlo, apiadarse del prójimo, convertirse en su hermano y no en su rival ni su competidor –y menos que nada en su juez”, mientras H. Miller los describe, identifico la cita con aquello que pudiera ser la definición de un buen libro, una vez más, aquellos que “no intentan cambiar el mundo: cambian mundos”.

No es difícil entusiasmarse con este tipo de sentencias y, sin embargo, las sentencias, sobre todo una detrás de otra como en los libros de aforismos, pueden saturar o saturan, como las parodias. Y como no es difícil me entusiasmo, y también con las reflexiones de Maeterlinck porque “cuando se trata de los misterios de la vida”, como en su libro sobre las hormigas o en los dedicados a las abejas o a los termes, “no hay nada grande ni pequeño. Todo está a la misma altura: el astrónomo trabaja al mismo nivel y en el mismo asunto que el entomólogo”.

Una vez más, seguiré. sobre todo con Maeterlinck.

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Dignos de mi eterno respeto

abril 2nd, 2005 § Comentarios desactivados § permalink

Cito. Comienzo algo y tengo la suerte de encontrarme con tres párrafos de Conrad que me sirven y trascribo. Son de un libro, La línea de sombra, donde el paso de la juventud a la madurez transcurre entre marineros.

El cariño que le tengo a este libro es el mismo que siento por Capitantes intrépidos. Capitanes, marineros, esa dinastía, según la novelita describe, perpetuada no por la sangre, ciertamente, sino por la experiencia, por la educación, por el concepto del deber y la bienaventurada sencillez de su tradicional concepto de vida. Un mundo al que no pertenezco y que me permite idealizarlo. Pero no era esto, no era esto, sino lo siguiente:

Es éste el único periodo de mi vida durante el cual intenté escribir un diario. Es decir, no el único. Algunos años más tarde, hallándome en especiales condiciones de aislamiento moral, anoté sobre el papel los pensamientos y acontecimientos de una veintena de días. Pero esta vez fue la primera. No recuerdo cómo sucedió aquello, ni cómo me vinieron el cuaderno y el lápiz a la mano. Pues se me antoja inconcebible la posibilidad de que los buscara expresamente. Supongo, de todos modos, que me libraron de tener que hablar a solas por enloquecimiento.

Cosa bastante extraña: las dos veces lo hice en circunstancias de las que “no pensaba salir adelante”, como suele decirse. Por otra parte, no podía esperar que este testimonio mío me sobreviviese, lo que prueba que era una simple necesidad de desahogarme, y que no obedecía a los dictados del egotismo.

Transcribiré aquí algunas líneas de este cuarderno, que me parecen hoy casi irreales y que extraigo de las páginas que emborroné aquella misma tarde.

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